A lo mejor…

Hoy fue jueves en algún momento, lo fue todo el día pero… yo no estaba atendiendo.

Hoy fue jueves y, a lo mejor, yo esperaba un lunes, un martes, un sábado…

Hoy rasqué por debajo de lo invisible y, a lo mejor, debería haberlo “dejao pa prao”. A lo mejor tendría que haber acallado los testarazos de la soledad cuando la cuestiono.

Loneliness is just a shit, it’s a shit.

It’s a shit cuando te metes en la cama y te falta el calor de otros brazos. It’s a shit cuando no te levantas con olor a café recién hecho, it’s a shit cuando la vida te jode, cuando te caen las lágrimas y nadie te las seca sin preguntar.

A lo mejor debería haber cogido una cuchilla afilada, una katana. A lo mejor debería haber terminado con quien me hace daño como se corta la hierba en verano, sin preguntar, simplemente dejando que el filo recorte todo aquello que sobra.

A lo mejor estoy equivocada y ella no se merece ni mi perdón, ni mi clemencia, ni mi respeto. A lo mejor estoy equivocada y estoy siendo clemente con quien no lo merece.

Pero la sangre que corre por mi venas clama venganza, exige regodearse en el dolor inflingido.

Total, yo ya lo perdí todo, ahora solo queda el vacío que deja la traición, y eso sólo se cura con más dolor. Esta vez el inflingido.

A lo mejor no necesito el calor de otro cuerpo aunque lo crea. A lo mejor es sólo que me gusta que me quieran aunque sea mentira.

Realmente me da igual.

Cuando me tumbo de lado para coger el sueño sólo añoro otro cuerpo si mis dedos no me dieron la paz que necesita el sueño. El resto es pura venganza. Esa que me acompaña y me da vida, esa que justifica mis noches de insomnio.

Y pasarán los días y me cobraré las deudas contraídas en el pasado y añoraré unos brazos que me cobijen o simplemente seguiré mi camino, porque…

A lo mejor, esto es lo que me toca vivir. A mí, a quien me hizo daño y a quien me reconfortó con sus brazos y todo su cuerpo.

A fin de cuentas yo no vine aquí a sufrir, la venganza es un placer que se sirve frío y el sexo otro que se vive en caliente.

A lo mejor solo busco el placer que dan las caricias y la venganza.

A lo mejor.

A lo mejor estoy equivocada.

A lo mejor.

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Por fin el fin

Ya está, ya es 2017, ya no más muertes de iconos, de genios, de ideas, ya no más el mismo año, ya no más fechas negras en el calendario.

Ya se acabó este año a olvidar, el año de las traiciones, de los renacimientos, de las reconstrucciones. El año del que sólo me queda un viaje.

Compartí  travesía a dos velocidades y esta vez no fuí yo quien se quedó atrás. Compartí sueños y me los robaron, me los arrancaron junto al sentimiento más hermoso y ahora queda un vacío negro que llenaré con hiel y lágrimas cuando llegue el momento, pero esta vez no serán mías, ya lo lloré todo.

Lloré un río, un estanque, un lago, un mar, un océano. Lloré. Y este siempre será el año de las lágrimas, de la traición, del abandono.

Y ya está, se acabó. A las doce de la noche sonaron las campanadas del fin del año maldito y llega uno nuevo a estrenar, un año con todos sus días, sin un día más. Un año nuevo y mejor que el anterior porque es primo, porque es nuevo, porque sí.

Esta vez nada de carruseles, nada de montañas rusas, nada de promesas, nada de mentiras, nada de confianza a ojos cerrados, nada de eso, nada de nada. Este es mi año, el mío y el de nadie más. El año en el que volveré a mis raices para crecer más fuerte, para que nada me haga tambalear.

Resulta cínico, irónico, resulta cierto en el fondo que estoy cansada, harta de buscar brazos que me acojan sin fuerza para tenerme, hasta las narices de que me traicionen porque no lo vi venir, porque yo nunca lo haría. Y si no es cínico yo voy a serlo ahora.

Se acabó, por fin llegó el fin de 366 días de los que sólo me llevo un viaje y recuerdos, unos hermosos y otros muy aleccionadores.

Esta vez soy un año más sabia de verdad, soy un año más fuerte, estoy camino de hacerme indestructible aunque eso signifique navegar sola hacia la puesta de sol. Qué coño, para eso necesito unos brazos fuertes y una brújula, la compañía es opcional.

Adiós de una vez, 2016, ya no puedes llevarte a nadie más, ya no puedes hacer más daño.

 

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Un viaje en montaña rusa

Después de una cola interminable que esta vez duró varios años, un carrito rojo con llamas a los lados se para frente a mí y las barreras de seguridad se levantan para dejarme paso. En ese momento miro a quien está detrás de mí en la cola y le dejaría pasar si el tipo de la atracción no me mirara con cara de… “¿te vas a rajar ahora, cobarde?”. Y a mí no me reta ni dios…

Me monto y empieza a subir, a subir, a subir… Delante de mí sólo está el cielo azul. La ascensión es mágica porque parece que pudiera alcanzar el firmamento en unos metros, estirando los brazos. Pero, de repente, la subida se detiene, alcanzo la cumbre, el ritmo se ralentiza… Durante unos segundos puedo verme al borde del abismo, puedo ver el recorrido de subidas y bajadas, loopings, giros que colocarán mi cuerpo en horizontal. Puedo ver todo eso antes de empezar a caer, antes de que mi mente me grite: “¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA! ¿¿¿¿¿¿POR QUÉ TE SUBISTE??????”

Y caigo casi en vertical, caigo gritando, caigo sin aire en los pulmones, caigo disfrutando de la caída a pesar del terror, del miedo a estrellarme mientras sonrío, me río, me siento viva.

Y en mi recorrido vuelvo a subir, esta vez la altura es menor pero vendrán más giros que me dejarán sin aliento, volveré a sentir el corazón corriendo de la boca al estómago, la cabeza me dará vueltas hasta que llegue el momento final, hasta que el recorrido se convierta en un paseo tranquilo y mi vagón se detenga.

Y será mi último viaje, el más largo, o buscaré otra atracción y haré cola de nuevo. ¿Quién sabe?

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Cuando llegues aquí

Sabrás más de lo que otros siquiera intuyeron, conocerás mis estados de ánimo, que fui y soy capaz de lo mejor y lo peor, de quererme y aborrecerme y que me reconstruyo de tiempo en tiempo para no enloquecer e ir puliendo lo que no me gusta de mi misma.

Si recorriste mi vida en unos días, a velocidad de vértigo, el tiempo que hace que me tienes delante no será más que un instante. Si llegaste aquí sin tomar atajos te doy permiso para salir corriendo. Yo lo haría.

Puedo contar los día, los meses, los años y el tiempo transucrrido sigue siendo relativo y lo que viví y estaba en el pasado más remoto puede parecer tan reciente que me remueva por dentro; y los días que transcurrieron de este año bisiesto hacerse eones…

Noches que despiertan en un instante mientras las tardes se eternizan detrás de la barra de un bar… Creo que la física no puede explicarlo pero puede que me perdiera esa clase en el instituto o que no estuviera en el temario de la carrera. Quizás debería de haber prestado más atención.

El caso es que no me importa lo más mínimo, no le busco una explicación y me limito a transitar por la vida aprovechando las horas fugaces, me recreo en los besos, me sumerjo en los abrazos y si cierro los ojos puedo sentir como las manecillas del reloj se detienen aunque al abrirlos ya esté llegando tarde a algún sitio.

Cuando llegues aquí habrás recorrido una década sin una cana más, sin una arruga nueva. Esas las llevo yo en mi pelo, alrededor de los ojos y en las cicatrices que me adornan. Si llegas aquí cada nueva historia será presente…

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Cuando me gira el mundo…

El mundo, tan cabrón él, me gira. Da vueltas alrededor de un eje incontrolable. Da vueltas y me marea porque no tengo un punto fijo que me ancle a la realidad.

Yo quisiera… como quisiera… tanto quisiera…

Pero hoy es la fiesta de la víspera de fiesta y después de unos tequilas e infinitas cervezas estoy en casa de nuevo porque no hay cancha en la que jugar. No lloro por ti porque pasó el tiempo o pasó demasiado poco. El caso es que no lloro por ti porque no lo mereces.

Y me añorarás más de una noche. Me buscarás en tus recuerdos para gozar con tus manos. Seré esa imagen recurrente con la que te acaricias… Y otra vez mi libertad te echará para atrás como tantas otras veces porque yo nací para ser mía y si acaso acompañarte y tú quieres una dama a quien rescatar.

Yo me rescato sola. Me cuesta un millón de lágrimas pero salgo de los baches como tú.

You are welcome

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Dando la nota

El otoño está trastocando mi precario equilibrio. Las noches sin dormir, la cerveza y el tabaco me mantienen flotando entre una niebla de humo que sólo se disipa al llegar la mañana.

Y las calles se llenan de rostros desconocidos que me observan mientras intento pasar desapercibida, y disimulo mis ojeras y afianzo mis pies a cada paso. Me concentro en cada zancada, camino pisando las líneas de las aceras para demostrarme a mí y al mundo que soy capaz de avanzar en línea recta. Como es debido.

Entonces, al pie de un edificio, crece una pequeña planta con una minúscula flor amarilla. Encontró la tierra suficiente para echar raices y filtra su verdor entre el gris del asfalto y el rojo de los ladrillos. Ahí se me acabó el camino recto, se terminaron los pasos que avanzan siempre hacia adelante; las rodillas se me doblan para acercar mis ojos cansados, mi nariz atrofiada por el humo a ese milagro que brota del suelo.

Ya no soy una más entre la gente; me miran, cuchichean, me señalan. Soy la oveja negra dando en cante en el rebaño. Como anoche.

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Tarde otra vez.

Mido la distancia en pasos y recorto los gestos que llevan a mis manos hacia tu cuerpo.

Se convierten en gestos tan grandilocuentes como vacíos y sé que estoy haciendo el ridículo porque yo siempre fui más de distancias cortas.

Busco un contacto visual y analizo cada mirada por si hay una doble intención, un mensaje oculto que me diga que te espere dos calles más allá.

Al final, todo esto es un secreto, un momento compartido entre dos que no debe ver el sol aunque nos llegue la mañana.

Y las dos caras se me confunden a veces y el recuerdo y lo vivido se entremezclan con futuros imposibles, con tardes de sofá y caricias, con piernas que me aprisionan y me dan calor.

Anhelo un pasado que me hizo crecer y un futuro que me volverá más niña sin remedio. Días de lucha y reivindicación y otros de fantasía y juegos.

Y me paro en la misma encrucijada otra vez porque los dos caminos que se abren ante mí están bloqueados por barricadas de realidad. Una realidad que vuelve a dejarme sola en mitad de la nada…

No soy una princesa que espera ser rescatada del dragón, tengo mis armas para domar dragones. Pero la lucha agota y deseo unos brazos que me reconforten, que me digan que todo irá bien, que no siempre tengo que ser la que lidere la batalla.

Y ahora peleo sola contra todo y contra todos una vez más y en los puertos donde pensaba atracar mi bajel no hay un fondeadero libre.

Podría quemar todas las naves ancladas en sus orillas si tuviera la certeza de que eso me daría cobijo pero lo mismo acabo asaeteada por aquellos a los que pretendo acercarme.

Miradas conocidas y cansadas que ondean consignas que me definen… Miradas fugaces y mudas que yo cargo de intenciones…

Volver a pelear por lo conocido, por un sueño que se apagó por falta de sentido o por unos brazos nuevos que tienen a quien abarcar.

Quiero pensar que no acaricio porque no se juega en jardines prohibidos pero me asalta la duda sino será el pasado el que me impide aferrarme a un cuerpo nuevo porque en el fondo añoro lo que viví.

De todas maneras…

Llego tarde…

Otra vez.

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Hombros y huecos.

Hay hombros con huecos en los que caer con un sueño ligero después de un rato de pasión, hombros y huecos que parecen cálidos porque el temblor del placer agota.

Hay hombros con huecos inóspitos, llenos de aristas que te impiden el descanso y el sueño.

Hay hombros anchos, valientes, acogedores, con huecos amplios donde cerrar los ojos e imaginar futuros, donde rememorar pasados.

Hay hombros sin hueco, espaldas que se giran para buscar el sueño, manos que se aferran a la almohada en lugar de al cuerpo que tienen al lado.

Mis hombros pueden ser todos los anteriores y ninguno, el hueco de mi hombro puede acoger o castigar, puede abrirse o desaparecer y todo en la misma noche.

Hay miles de huecos y miles de hombros y por alguna razón, el hueco donde anidar siempre está en otra cama.

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A kilómetros de distancia

La voz llega desde el otro lado del teléfono, atraviesa kilómetros para acercar dos cuerpos que se conocen de antaño, que se pulsaron como cuerdas de guitarra y se recuerdan como sólo sabe hacerlo la piel.

Los dedos cuchichean entre ellos relatando vivencias, describiendo lugares oscuros donde se perdieron; las orejas, ávidas de secretos, llevan historias de cama a la piel para que se estremezca.

El silencio súbito hace temer que la comunicación se ha cortado, pero una respiración profunda nos devuelve a la realidad… Hay momentos donde las palabras se quedan prendidas en los dientes porque la imaginación nos lleva lejos de donde estamos.

En cada conversación se planea un encuentro que nunca llega porque en el fondo es mejor así, porque el placer de volver a explorarse tornaría grises el resto de manos, piernas, bocas, dientes, cuellos, espaldas, pies.

El teléfono siempre suena al caer la noche o al llegar el alba. Momentos de soledad y silencio donde se puede escuchar con todo el cuerpo; cuando ningún estímulo exterior puede distraernos. Y si no hay respuesta al otro lado es porque no hay intimidad suficiente. Y no pasa nada.

A kilómetros de distancia las manos se vuelven cómplices de una voz que no es la nuestra y, tras unos minutos que pueden convertirse en eternos, llega el silencio, la calma y el sueño.

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Los cuerpos buscan cuerpos

La piel busca otra piel contra la que quitarse el frío y los labios otra boca que les calme el ardor. Las manos buscan espaldas para anudarse en un abrazo, los pies una senda por la que avanzar.

Los ojos otras miradas para leer silencios, los dientes una fruta fresca donde clavarse, mis dedos buscan las teclas para desahogarme.

Las piernas buscan un cuerpo al que enlazarse, los pechos sólo quieren estremecerse.

Los cuerpos buscan cuerpos aunque las mentes busquen la soledad.

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