La memoria de la piel

Debajo de mi ombligo algo tiembla. Quién me iba a decir que mi sexo tuviera memoria, que recordara una lengua, unas manos… Quién me iba a decir que fuera capaz de estremecerse con una imagen, con un gemido, con una frase. Mi cuerpo tiene memoria incluso si la cabeza está en otro lado.

Mi piel tiene memoria, se eriza como un gato, me arquea la espalda mientras camino, me acelera el paso, me hace tropezar.

Y si cierro los ojos puedo olerlo todo de nuevo, saborearlo. Puedo verlo reflejado en los párpados, puedo revivirlo; y debajo de mi ombligo todo vuelve a temblar. Tengo que abrirlos de nuevo para hartarme de realidad y sin embargo… Me estremezco.

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